La India es un país que no te dejará indiferente, te podrá encantar o lo podrás odiar, pero siempre despertará algún sentimiento en ti. Hace ya dos años que estuve allí, recorriendo la zona del Rajastán y en Delhi tuve una de las mejores experiencias de toda mi vida.

Nada más llegar a la ciudad con mi amigo Gonzalo decidimos ir a visitar el Fuerte Rojo, conocido así por el color de sus paredes. A la salida nos dirigimos a una de las principales calles comerciales de la parte antigua de la ciudad (Old Delhi). Es impresionante la cantidad de tiendas, puestos en la calle, gente caminando, rickshaws y tuc-tuc que te puedes encontrar allí. De hecho había tramos en los que apenas podías caminar.

Caminando y caminando por la interminable calle acabamos perdiéndonos pero pudimos ver cómo preparaban pan en hornos excavados en el suelo, cómo compraban verduras y telas, su rutina de vida normal. Aunque llevábamos una guía no sabíamos realmente dónde estábamos, ni preguntando a la gente con el mapa nos sabían guiar. Así que continuamos andando hasta que la calle prácticamente se cortaba y ya decidimos buscar un tuc-tuc en el que poder volver al hotel. Y fue entonces cuando conocimos a los que luego serían nuestros amigos, Prince y Mantu Jee.

Paramos su tuc-tuc y de primeras no aceptamos el precio ya que siendo turistas sabes que siempre va a ser más alto de lo que debería. Así que continuamos el camino cuando de repente vimos a uno de los dos conductores del tuc tuc correr hacia nosotros llamándonos. Nos dijo que nos bajaban el precio, que nos habían dicho el anterior porque ya era tarde y volvían a casa, y además iban bebiendo cervezas, lo cual no está permitido allí. Así que aceptamos y nos subimos sin dudarlo. Lo primero que hicieron al subirnos fue preguntarnos de dónde éramos y ofrecernos una cerveza a cada uno y dijimos ¿por qué no? Como Mantu dominaba el inglés bastante bien empezamos a hablar sobre qué queríamos visitar en India, a qué nos dedicábamos y demás.

A los diez minutos nos estaban llevando a una agencia de viajes india para gestionarnos los billetes de tren y bus para movernos ya que justo en esos días se celebraba el festival Diwali, también conocido como el festival de las luces por todos los fuegos artificiales, luces y velas que puedes ver en cada ciudad. Mientras yo estaba dentro de la agencia, Gonzalo esperaba fuera con ellos durante ¡45 minutos! Así que al salir lo menos que podíamos hacer era invitarles a una cerveza. De paso nos iban enseñando algunas partes de la ciudad que sin estar con ellos no hubiéramos visto.Selfie Mantu y Prince

Y como el beber abre las ganas de comer nos llevaron a un restaurante en el que por 5€ para los cuatro comimos arroz y pollo preparado de distintas formas hasta reventar. Con el estómago lleno y una gran sensación de felicidad de estar en un país único volvimos al hotel ya que al día siguiente nos tocaba madrugar bastante. Nos dimos el teléfono ya que teníamos que volver a Delhi y así nos podrían enseñar la otra parte de la ciudad.

Pero lo que más recuerdo de aquél día es su filosofía de vida. Cuando nos fueron a cobrar apenas querían hacerlo porque decían “la amistad es lo primero, los negocios ya vendrán después. Cuando vengan vuestros amigos o familiares les dais nuestro contacto, pero la amistad es lo primero”.

  • La “maldita guía”:

Al despertarnos con una ligera sensación de resaca hicimos la mochila rápido y bajamos a la recepción, donde nos esperaba el que iba a ser nuestro conductor los tres siguientes días. Cuando llevábamos cinco minutos le dije a Gonzalo, “déjame la Lonely Planet que quiero echarle un ojo”. Y su respuesta fue “si yo no la tengo, la llevabas tú ayer”. Y entre uno y otro no sabíamos dónde estaba hasta que nos dimos cuenta que nos la habíamos dejado en el tuc tuc. Así que llamamos corriendo a Prince a ver si estaba ahí, pero no nos contestaba. Le escribimos un mensaje pero tampoco nos contestó.

Así que sin guía seguimos el viaje utilizando el Wifi donde pillábamos para no perdernos ningún detalle en nuestra ruta durante las dos siguientes semanas.

  • La vuelta a Delhi:

Finalmente pudimos hablar con Prince y nos dijo que sí, que él tenía la guía y que a nuestra vuelta a Delhi quedaríamos para dárnosla y nos enseñaría la parte nueva de la ciudad. Así que quedamos un martes a las 11 de la mañana. Cuando ya había pasado un rato de la hora y no aparecía fuimos a llamarle pero no nos contestaba. Así que nos decidimos a salir caminando para visitar la ciudad por nuestra cuenta.Indios haciendose fotos.JPG

Nos marcamos una ruta en el mapa y fuimos recorriendo distintas calles, viendo todo tipo de tiendas, puestos en la calle, el ritmo ajetreado de la ciudad. Teníamos ciertos puntos de interés marcados pero sin ruta fija y de repente…

  • La mayor de las casualidades:

En una ciudad como Delhi que tiene 20 millones de habitantes y puede haber 100.000 tuc tuc nos volvimos a encontrar con Prince por casualidad. Íbamos caminando por el arcén de una calle en sentido contrario cuando de repente vimos un tuc tuc que venía muy rápido y justo antes de nuestra altura pegó un volantazo y apareció Prince asomándose y gritando “HEEEEELLO MY FRIENDS!!!” ¡Se nos quedaron los ojos como platos! Le preguntamos que por qué no había venido por la mañana y nos dijo que había entendido que era el jueves.

Le preguntamos por la guía y se la había dejado en casa, la cual estaba a unos 13 kilómetros del centro. Así que no era viable ir en ese momento por lo que nos llevó a visitar la parte nueva de la ciudad hasta que empezó a anochecer y recogimos a su primo Mantu. ¡Qué alegría volver a verle! Volvimos a repetir nuestro ritual de comprar cervezas, poner la música a todo volumen y recorrer la ciudad.Tuc Tuc

Hasta ese momento habíamos controlado bien lo que comíamos y bebíamos pero ahí ya se nos fue de las manos y empezamos a probar toda la comida de los puestos de la calle y hay que reconocer que había muchas cosas espectaculares.

Ya al final del día fuimos hasta su casa, una zona muy muy humilde, en la que se agolpaban tres bloques de edificios sin apenas electricidad. Cuando llegamos nos presentaron a todos sus familiares, la abuela, los tíos, los hijos, primos…que nos recibían con una sonrisa en la cara y sobre todo pensando ¿qué harán estos aquí?

Como es costumbre en India, aunque no tengan nada, siempre intentan ofrecerte lo que sea para tratarte bien. Así que la abuela sacó comida que tenía preparada y unas cervezas que compraron y ahí nos sentamos en su salón a seguir comiendo. Cuando terminamos vinieron todos los hijos de Mantu y estuvimos hablando con ellos. Es en esos momentos cuando de verdad valoras lo que tienes y dónde has nacido ya que su casa era una sala de unos 4×4 con una pequeña hamaca y una manta en el suelo como únicas zonas donde dormir. El hijo no podía ir al colegio porque no podían pagarlo pero sus hijas sí que iban.Familia Mantu.JPG

Después fuimos a ver al hijo recién nacido de Prince y acabamos bailando con unos 20 niños y algunas madres que estaban celebrando un cumpleaños en uno de los pisos. Era increíble la felicidad que irradiaban con tan poco.

Y cuando ya estábamos a punto de volver ocurrió una de las cosas que más me impactó. Gonzalo le fue a regalar su reloj a uno de los niños pero entonces Mantu le dijo que no, que las riquezas o eran para todos o para ninguno. Y no le dejó aceptarlo. Es indescriptible cómo gente que tiene tan poco te da un bofetón figurado con eso. Cuando tú piensas quiero el último iPhone, las nuevas Nike o el último Audi, ellos que no tienen nada son capaces de rechazar algo que les podría reportar dinero si no va a ser para todos. ¡Alucinante!Mantu y Prince 2.JPG

Finalmente volvimos al hotel y les regalamos varias pulseras, camisetas y zapatillas como un mínimo agradecimiento a la hospitalidad que habían mostrado con nosotros en todo momento. “LO IMPORTANTE ES LA AMISTAD, LOS NEGOCIOS VENDRÁN DESPUÉS”

¡Ah! y sin olvidarnos de que a la vuelta Prince ¡nos dejó conducir su Tuc Tuc! ¡Otro check más en la bucket list! Jejejeje

Si habéis tenido alguna experiencia similar dejad abajo vuestro comentario que estaré encantado de leerla.

 

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