Gracias a las aerolíneas de bajo coste como Ryanair o Norwegian, Copenhague se ha convertido en uno de los destinos preferidos para una escapada de fin de semana. En 3 días podremos disfrutar de la capital danesa y cruzar el estrecho de Oresund en un tren sobre el mar para llegar a Malmö, en la vecina Suecia.

  • Día 1: Llegada a Copenhague

Llegamos a las 20 horas al aeropuerto de Copenhague-Kastrup y nos dirigimos directamente a los mostradores para comprar los billetes de tren a Copenhagen central. Para ir al centro de la ciudad hay tres opciones: el bus, el tren y el metro.

Aunque el bus sea más económico merece la pena pagar la diferencia y coger el tren o el metro ya que en sólo 15 minutos llegas al centro de la ciudad. Por 5 € recorrerás el espacio entre Kovenhan airport y Kovenhan central en tren.

Lo único que hay que tener en cuenta para elegir entre metro o tren es el lugar donde estemos alojados y ver si está más cerca de una estación u otra.

Tras dejar las maletas en el hotel Ascott salimos a dar un paseo y cenar en el café Paludan, uno de los restaurantes/cafetería más particulares de la ciudad. Dividido en varias salas, las paredes están llenas de libros y cuadros. Podemos degustar desde un café y una tarta hasta una lasaña acompañada de una pinta de Carlsberg.

  • Día 2: En busca de la sirenita

Si no tenéis el desayuno incluido en el hotel, lo mejor que podéis hacer es ir a una de las múltiples panaderías que hay en la ciudad y disfrutar de su bollería o sus panes recién hechos.

Iniciamos el recorrido en la calle Ströget, la calle comercial más larga de Europa. Al final de ella llegamos a Kongens Nytorv, que actualmente se encuentra en reconstrucción. Construida en 1670 como una extensión de la ciudad fortificada, a día de hoy es la plaza más grande de la ciudad. En el medio podemos encontrar una estatua del rey Christian V.

Atravesando la plaza llegamos a la zona más pintoresca, la calle Nyhavn. A ambos lados del canal podemos ver casas de colores con bares y terrazas para tomar algo. Aunque sea invierno y haga frío, en cuanto sale algún rayo del sol los daneses llenan las terrazas haciendo uso de las mantas que ofrecen los locales. Si queremos dar un paseo en barco y tener otra perspectiva de la ciudad, desde aquí salen diversos cruceros que recorren los canales.Nyhavn.JPG

Al final del canal llegamos a un edificio moderno, de 2008, el Royal Danish Playhouse. Allí podréis disfrutar de obras de arte dramático o de unas buenas vistas al puerto tomando una pinta de Tuborg o Carlsberg, las cervezas danesas más conocidas.

Desde ahí caminamos paralelos al puerto hasta encontrarnos a la izquierda con el Palacio de Amalienborg, la residencia de invierno de la Familia Real. A las 12:00 podremos ver el cambio de guardia, si la Reina está en el Palacio. Pero si queremos verlo completo, a partir de las 11:30 la Guardia Real sale del castillo Rosenborg en dirección al Palacio.Cambio guardia Amalienborg.JPG

Una vez visto el cambio nos dirigimos a Frederiks Kirke, la Iglesia de Mármol, a tan sólo tres minutos andando desde el Palacio de Amalienborg. Continuamos nuestra búsqueda de la sirenita atravesando el Kastellet, una de las fortificaciones mejor conservadas de Europa.

Y por fin llegamos a la estatua de la sirenita. Aunque mucha gente se sienta decepcionada al verla, es una visita obligada en la ciudad. Cuenta la leyenda que la joven sirena quedó prendada de un pescador y renunció a su inmortalidad a cambio de transformarse en un cuerpo de mujer para así poder vivir con su amado.Sirenita.JPG

Tras la buena caminata una opción muy recomendable para comer es el Café Petersborg, donde tienen una carta de alrededor de 70 “smorrebrod”. Podemos elegir entre pan blanco o integral untado en mantequilla y coronado por diferentes ingredientes como arenques o Frikadellen, las famosas albóndigas.

Después de recuperar fuerzas podemos volver caminando y disfrutando de los numerosos parques de la ciudad, como el Jardín Real y el Botánico.

Lo ideal al final del día es acercarse al parque de atracciones Tívoli pero en los meses de invierno está cerrado excepto en fechas determinadas. Ahí podremos disfrutar del atardecer mientras cenamos algo en alguno de los numerosos puestos de comida que hay en el interior. La entrada cuesta unos 15 €, dependiendo del día, sin acceso a las atracciones. Pero la visita merece el precio de la entrada.Tivoli.JPG

  • Día 3: Malmö

Gracias al puente de Oresund podemos cruzar el mar que separa Dinamarca de Suecia y en apenas 40 minutos llegar hasta Malmö, la tercera ciudad más habitada del país. Desde la estación central de Copenhague tenemos que coger un tren dirección el aeropuerto para ahí hacer transbordo en la misma vía y coger otro que nos dejará en la estación central de Malmö. Recordad llevaros el DNI o pasaporte en vigor ya que os lo pedirán al hacer el cambio de tren.

Una vez en la ciudad lo mejor que podemos hacer es caminar iniciando el recorrido en Stortorget, la plaza del Ayuntamiento. Al igual que en Copenhague hay una calle comercial llamada Södergatan que conecta diferentes plazas.Malmo.JPG

Los parques son otro de los signos de identidad de la ciudad, destacando los de Kungsparken y Slottsparken.

En la época de primavera-verano la mejor zona para caminar y tomar algo es la cercana al edificio Turning Torso, diseñado por Santiago Calatrava en 2005.Turning torso.JPG

Para terminar el día podemos sentirnos en España tomando un verdejo o unas gambas al ajillo en el bar Vibliotek.

  • Día 4: Christiania

Toda visita a Copenhague debe dedicar un rato a pasear por la ciudad libre de Christiania, cuya comunidad se proclama como independiente de Dinamarca y Europa. En una de las salidas podemos ver el cartel ‘You are entering the EU’ (Estás entrando en la Unión Europea). Se trata de un barrio en el que viven alrededor de 1000 personas y que están aparentemente fuera de la legislación danesa, aunque en ocasiones hagan redadas. También se le conoce como el distrito verde, ya que se permite la venta y consumo de drogas blandas como marihuana y hachís.

Es muy curioso la gran diferencia que hay entre la ciudad y este barrio en cuanto a limpieza, estilo de vida y arquitectura. Por eso merece una visita antes de regresar.

De camino pasamos por el islote de Slotsholmen, donde se sitúa el Palacio de Christiansborg, que a pesar de contar con apenas 100 años de vida es uno de los más visitados por los turistas.

Y para aprovechar la última tarde es muy recomendable la visita a la Rundetarn o Torre redonda, el observatorio astronómico. Tras ascender por su rampa de 209 metros en forma de sacacorchos llegamos hasta la azotea, situada a 35 metros de altura, y desde la que tenemos unas vistas privilegiadas del atardecer para despedirnos de la ciudad.panoramica-rundetarn-1panoramica-rundetarn-2

Así que ya sabéis, aprovechad cualquier fin de semana largo, puente o día libre para venir a visitar esta preciosa ciudad del norte de Europa. ¡Totalmente recomendable!

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